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El cerezo

06/04/2018

El señor Atsushi permanecía inmóvil delante de la máquina, cuyo desagradable soniquete iba a clavarse directamente a sus tímpanos.

Parece que ha llegado el momento, pensaba mientras dirigía la mirada al techo, como si esperase el atisbo de un dios redentor en la bóveda del recién inaugurado “Ministerio del Tránsito”. Soy demasiado viejo, sí… pero, ¿quién cuidará de mi cerezo?

En ese instante, reparó en la respiración entrecortada de la señora Fumiko, que acababa de entrar en la sala. Sus ojos colisionaron con los de ella. ¡Cómo! Ni hablar, esa vieja yariman(1) no se saldría con la suya. Esta vez no. ¿Acaso él no tenía también derecho a escoger? Siempre había sido un buen hombre, pero esta vez no pensaba transigir, no por segunda vez.

 

—Es usted un viejo cabezota —bramó la señora Fumiko.

—No intente convencerme, ya accedí a los ruegos del señor Katsu y le doné mi verificación de tránsito. Si ahora la dejo pasar a usted, el Ministerio quizás no vuelva a citarme… Y no tengo valor para hacerlo solo.

 

El señor Atsushi evitaba mirar a los ojos a la señora Fumiko. No, es mi turno, me lo he ganado a pulso, sus hijos todavía pueden cuidar de ella. A mí solo me queda un cerezo. Mi cerezo… Sin levantar la cabeza se acercó a la máquina y puso el brazo encima, como si así reivindicara su propiedad. De pronto la señora Fumiko se abalanzó sobre él y le mordió la mano, le dijo que era un egoísta y un viejo ketsumedo yarou(2), que tenía el mismo derecho que él y que deseaba que se pudriese en el infierno. La mano del señor Atsushi comenzó a sangrar. ¿Por qué habían permitido que entrasen ambos a la habitación del tránsito? La máquina era de uso individual, lo había leído en las instrucciones y el Ministerio no se equivocaba nunca. Maldita vieja chocha.

 

—Usted tiene familia. ¿Por qué quiere… irse? —preguntó el señor Atsushi.

—Desde la ventana se ve el parque de Takaoka Kojo. ¿Ha visto qué bonitos están los cerezos?

 

De repente se abrió la puerta, un hombre uniformado se acercó y dejó una moneda encima de la máquina. Ahora o nunca.

 

—Yo pido cara —dijo con semblante solemne el señor Atshushi.

 

_____________

 

(1) Insulto grosero reservado únicamente a las mujeres.

(2) Insulto despectivo que traducido sería algo así como “bastardo idiota”.

 

 

#CienciaFicción - Zenda

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